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La imagen que deja el estudio de Ipsos sobre el consumidor chileno es clara y, en cierto modo, dura: los hogares están actuando con cautela. Ya no se trata solo de comprar menos, sino de comprar distinto. El precio volvió a ocupar el centro de la decisión, el ahorro se volvió defensivo y muchos proyectos de largo plazo, como viajar o acceder a la casa propia, parecen haber quedado en espera.
Según la información publicada, el estudio fue realizado sobre una muestra de 800 personas mayores de 18 años a nivel nacional y detectó siete tendencias que explican cómo se está comportando el consumidor chileno en el actual escenario económico.
Uno de los puntos más relevantes es que predomina una economía de cautela. El ahorro, más que orientarse a cumplir sueños o proyectos futuros, hoy responde principalmente al temor de enfrentar imprevistos. De acuerdo con la nota, un 66% de los chilenos ahorra pensando en gastos médicos o enfermedades graves, mientras que un 55% lo hace por miedo a perder el empleo. Además, uno de cada cinco encuestados declara que no le alcanza para ahorrar.
La frase atribuida a Nicolás Fritis, CEO de Ipsos Chile, resume bien este cambio: la gente ya no estaría soñando con el viaje o la casa propia, sino protegiendo lo que tiene. Es decir, el ahorro dejó de ser una herramienta para crecer y pasó a ser una especie de resguardo frente a la incertidumbre.
El segundo elemento es el ajuste del gasto. Cuando el presupuesto se estrecha, los consumidores reducen primero compras personales, viajes, servicios de delivery y salidas a restaurantes. Aun así, no desaparece del todo la búsqueda de bienestar. El consumidor chileno recorta, pero no abandona completamente sus gustos. Lo hace con más cuidado, más comparación y más cálculo.
El precio también domina las decisiones de compra. Según el estudio citado en la publicación, dos de cada tres chilenos, un 65%, eligen su lugar de abastecimiento basándose exclusivamente en precios bajos y ofertas, dejando en segundo plano atributos como la innovación o la experiencia de compra. Esta conducta refleja un consumidor menos impulsivo y mucho más atento a la conveniencia inmediata.
En alimentación y bebestibles, el supermercado sigue liderando, pero el comercio de barrio mantiene un papel relevante. Almacenes y ferias libres continúan siendo espacios importantes para las familias, especialmente por cercanía, frecuencia de visita y sensación de control del gasto cotidiano. La digitalización, por su parte, avanza de manera selectiva: no reemplaza completamente la compra presencial, pero sí gana terreno en categorías donde ofrece conveniencia.
Otro dato sensible es el endeudamiento. La nota señala que un 26% cubre sus gastos usando cuotas o pagos por partes, un 23% deja algunos pagos pendientes y un 29% destina más del 55% de sus ingresos al pago de deudas. Esto muestra que para una parte importante de los hogares llegar a fin de mes sigue siendo una tarea ajustada.
Finalmente, el estudio indica que la salud y el bienestar ganan importancia. Hay mayor preocupación por alimentos saludables, ingredientes naturales y productos funcionales. Sin embargo, el consumo premium sigue siendo minoritario: existe interés, pero no siempre presupuesto para concretarlo.
Para el mercado inmobiliario, esta fotografía del consumidor chileno es especialmente importante. Si las familias están priorizando liquidez, seguridad y estabilidad, la decisión de comprar una vivienda se vuelve más lenta, más racional y mucho más exigente. Hoy no basta con ofrecer una propiedad atractiva; hay que entregar certeza, orientación financiera y una lectura realista del momento que vive cada comprador.
Desde mi mirada como corredor de propiedades, esta nota confirma algo que venimos viendo hace tiempo: la casa propia sigue siendo un anhelo, pero muchas familias la están mirando con más cautela. No porque hayan dejado de quererla, sino porque hoy sienten que deben protegerse antes de proyectarse.
Eso cambia la forma de vender y también la forma de asesorar. El comprador actual necesita números claros, opciones reales, información transparente y acompañamiento. Una mala decisión inmobiliaria puede comprometer años de esfuerzo; una buena decisión, en cambio, puede transformarse en estabilidad para una familia completa.
Mi pensamiento es simple: este no es un mercado para apurar a las personas. Es un mercado para orientarlas bien. La vivienda sigue siendo uno de los grandes sueños de los chilenos, pero hoy ese sueño necesita más planificación, más paciencia y más asesoría profesional. Ahí está el verdadero valor de un corredor responsable.