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La industria inmobiliaria chilena ha encendido el debate: ¿debe el subsidio a la tasa hipotecaria –vigente para viviendas nuevas de hasta 4.000 UF– ampliarse a propiedades de mayor valor? Lo que hasta hace unos meses era una medida excepcional para reactivar el mercado, hoy empieza a instalarse como una herramienta estructural que podría redibujar el acceso a la vivienda para miles de familias de clase media.
El beneficio, que comenzó a operar en julio de 2023, ha sido calificado como un éxito desde distintos frentes. Su fórmula, que garantiza al comprador una rebaja de hasta 100 puntos base en la tasa de interés, ha impulsado más de 33.000 solicitudes de crédito. No es menor. Según cifras oficiales, 12.123 operaciones ya se han concretado bajo este esquema, demostrando que cuando el Estado y el mercado dialogan, los resultados llegan.
Sin embargo, la demanda por viviendas de mayor estándar y valor ha dejado al descubierto una fisura: hay un segmento importante de compradores potenciales que, sin estar en condiciones de acceder al segmento de lujo, tampoco califican para estos subsidios. Allí aparece el cuestionamiento: ¿tiene sentido dejar fuera a quienes buscan propiedades sobre las 4.000 UF, especialmente en regiones o zonas urbanas donde los precios han subido sostenidamente?
Desde el mundo privado, las señales son claras. Voces como la del presidente de la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios, Slaven Razmilic, ya lo han dicho sin rodeos: el subsidio "ha sido una de las medidas más efectivas para dinamizar la industria". Pero también advierten que su efecto podría acotarse si no se ajusta el umbral de precios.
En paralelo, el ministro de Vivienda y Urbanismo, Carlos Montes, ha dejado la puerta entreabierta: “No está cerrado”, dijo respecto a la posibilidad de extender el beneficio a viviendas sobre las 4.000 UF. Un matiz político que, traducido al lenguaje técnico, sugiere que el tema ya está sobre la mesa de Hacienda y del sistema financiero.
El mercado inmobiliario chileno está en un punto de inflexión. El éxito del subsidio demuestra que existe un apetito real por adquirir vivienda propia, pero también revela una brecha entre la política pública y las dinámicas reales del mercado.
En nuestra experiencia como corredores, lo vemos cada semana: familias jóvenes, profesionales independientes o matrimonios que buscan propiedades entre 4.000 y 5.500 UF, muchas veces quedan fuera de este beneficio a pesar de tener el perfil financiero adecuado. No es que falte voluntad de compra, falta una política que reconozca la nueva realidad habitacional del país.
Expandir el subsidio podría ser una oportunidad no solo para quienes buscan una mejor vivienda, sino también para reactivar segmentos del mercado que hoy están ralentizados. Además, permitiría descongestionar la alta demanda concentrada en el tramo inferior, donde las unidades disponibles se agotan con rapidez.
En suma, si queremos una política habitacional que combine justicia social, eficiencia económica y dinamismo inmobiliario, el próximo paso lógico es abrir el debate —en serio— sobre la inclusión de viviendas sobre las 4.000 UF.
Como siempre, desde Daniel Garcia Home estaremos atentos a los cambios, con el compromiso de seguir guiando a nuestros clientes con información veraz, análisis profundo y una mirada estratégica del mercado.